La Máquina a Tiempo

mayo 18, 2010

La Pasión según San Godard

Filed under: Cine — halsivon @ 10:44 pm

Es una lástima que casi siempre ocurra que los mejores trabajos en el cine o en la liteartura hayan sido hechos por intelectuales progres. Supongo que en su innata rebeldía, antiautoritarismo, y rotura de esquemas y arquetipos les hace considerar lo diferente, lo contraproduscente, lo aberrante, lo sórdido, lo paródico, como el referente inequívoco y su única perspectiva con la que embellecen sus trabajos, así como la lucha desde el frente de las ideas; tal es el caso del filme Passion, del director  Jean Luc Godard,  estrenada en 1982 y ganadora del festival de cannes. La aproximación del espectador al filme es en el mejor de los casos, irresponsable, por no decir eclética e incluso épica. El filme carece de una línea argumental evidente, de una estructura y unos actores definidos, y está llamado al culto del cine abstracto y new age, el cual, lejos de la racionalidad de un argumento, se somete a las emociones plasmadas en las escenas. Es singular, que siendo un filme que abraza la cultura de lo abstracto y de su arte, cuya cumbre expresiva fue el siglo XX, tenga como fondo temático la historia del arte, en este caso figurativo. La obsesión del director (no el director Godard, sino el actor que encarna a un idealista director de cine en el interior de la película) por llevar las obras de arte a la carne y el hueso. Esto no pudo ser menos polémico, sobre todo entre los puristas historiadores del arte , quiénes ven en la pintura, aún en sus más cotidianas expresiones, el pináculo último de la estética y la belleza humana, por que no decirlo, visiones del paraíso, incluso cuando las escenas representen deidades paganas, o e l infierno de Dante. Las pinturas vivas aquí mostradas  ofrecen representaciones artíticas prerafaelistas, renacentistas y barrocas, en una historia inconexa en donde la beatitud del color y la textura son contrastadas sistemática y deliberadamente por el entorno fabril de una planta de producción, en donde está aprisionada , cual princesa en la víspera de ser rescatada, una salobre operaria que sufre de problemas ergonómicos. La Passion del director real, y la del director ficticio, trascienden en el hecho de la búsqueda de los émulos humanos de las pinturas: de la figura desnuda perfecta, de la sombra y el claroscuro final, y para cual, en mi opiniñón, Godard realiza un trabajo sobresaliente a pesar de estar limitado entre otras cosas, por la matriz technicolor del celuloide fílmico. La otra historia, es una flagrante  crítica hacia la industria capitalista, el monstruo de la época, la cual despoja a los seres humanos de su virtud, libertad y espíritu , y les deja sublevados a las máquinas, en una aburrida remembraza a los entornos fabriles de los que el asqueroso Marx (no fue asqueroso por sus ideas, sino por sus hábitos, o mejor dicho, la falta de ellos, de higiene y aseo personal) tanto se quejaba.

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